14.8.07

Viaje a Oporto


La semana pasada nos fuimos de viaje a Oporto. Con mis padres (madre normal feliz y alegre, padre un poco raro pero apasionado de la arquitectura y excelente guía de viaje). Y como ha sido un viaje muy especial, en muchos sentidos, para mí, durante los próximos días, dedicaré este espacio a contar las cosas que vi, y a enseñaros algunas de las fotos que hice, así como a compartir las reflexiones que hice, y las decisiones que tomé.

De momento comienzo el relato del viaje diciendo que en el aeropuerto de Barajas, Terminal 1, tuvimos la (suerte?) de encontrarnos con el equipo de fútbol del Real Madrid al completo, fotos a Guti incluidas. La verdad es que me hizo mucha ilusión! El viaje no podía empezar mejor, la verdad. El viaje a Oporto es cortito, dura aproximadamente cincuenta minutos desde que sales de Madrid, y te deja en un aeropuerto que está a solo 13 kilómetros del mismo centro de la ciudad de Oporto, un aeropuerto de instalaciones modernas, limpias, y muy amplias, que te dejan un estupendo sabor de boca nada más llegar (en El Cairo la sensación fue algo distinta!). El viaje al centro de la ciudad se puede hacer de muchas maneras, pero nosotros decidimos utilizar el metro, que nos pareció la más cómoda. En menos de media hora salíamos a la luz del sol en la plaza de San Bento, en pleno centro de la ciudad de Oporto.

La primera sensación que te llevas es de sorpresa por lo inesperado. Las casas son antiguas, de finales del siglo XIX y principios del XX, con un estilo marcadamente modernista, que recuerda muchísimo al de los pueblos costeros españoles, a mí concretamente me recordó a la fachada portuaria de Candás, en Asturias. La catedral de Oporto (El Sé de Oporto) de base románica y estilo defensivo corona una larga cuesta, y una iglesia y la estación de trenes culminan el conjunto. El bullicio es elevado, y los turistas van y vienen, a las terrazas donde ponen zumos naturales o incluso a comer, ya que en Oporto se come muy temprano, pescados y carnes cocinados de manera sencilla, pero que llenan la ciudad de un conjunto de olores deliciosos.

Lo primero que hace un turista al llegar a una ciudad es buscar el hotel, claro, así que nos encaminamos hacia allí. Las calles conservan el empedrado antiguo, aunque poco a poco se va eliminando, y los edificios, luminosos y coloristas, enseñan su interior a través de los muchos balcones que los adornan. Edificios modernistas conviven con otros de estilo racionalista. El art decó convive con el estilo secesión, y continuamente encontramos rótulos antiguos anunciando las bondades del café brasileño o las "cabaleireiras", como llaman a las peluquerías.

Cuando por fin encontramos el hotel descubrimos que está al lado de la plaza de Bathala, al lado del Teatro de Oporto, un magnífico edificio que está siendo rehabilitado, adornado por máscaras de gesto torcido. Las palomas, las muchísimas palomas, se dan un festín con las sobras de pan que les dan. El edificio Bathala cierra el conjunto de la plaza.

El hotel, la pensao Aviz, es grande, limpio, y luminoso. La habitación es un refugio perfecto para nuestras maletas, que nos van a esperar ya que nos vamos a comer un exquisito, y enorme, plato de cocido portugués, parecido al gallego. Con el estómago lleno nos vamos a descansar y a prepararnos para conocer la segunda ciudad más importante de Portugal...

Continuará!
De momento os dejo con una foto, como comienzo del safari fotográfico que hice en la ciudad.
Un abrazo a todos, y hasta pronto!

3 comentarios:

black wasp dijo...

qué relato más chulo!!! quero massssssssssss!

la foto me encanta por cierto... me gustaría tenerla en casa adornando mi salita no te digo más!
oye un trabajito como relatador de viajes no tiene que estar mal eh? mmmmmmmmmmm

Adrian dijo...

Que bonito que es Oporto por lo que comentas. Me encantaría visitarlo. Buen blog! Un saludo

faustoArt dijo...

Muchas gracias!

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